A propósito de Chernóbil

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10.03.2016
Más allá del drama que sufrieron y sufren los habitantes de Chernóbil por la contaminación radioactiva hace 30 años por el accidente de los reactores nucleares y de la emergencia económica de Ucrania donde hoy por la crisis alimentaria los habitantes están obligados a consumir alimentos contaminados con las graves consecuencias para la salud; el mundo internacional sigue preocupándose por la proliferación nuclear que pone en peligro la paz y seguridad del planeta.

El umbral entre el uso pacífico y militar del átomo es imperceptible y ya varios países han pasado sin tomar en cuenta el derecho internacional de los reactores a la bomba atómica. Se distingue dos tipos de proliferación nuclear, la horizontal, porque mas países utilizan la energía atómica bajo la cobertura de uso pacífico pero con la finalidad militar, fue el caso de Irán, afortunadamente por ahora congelado por las sanciones internacionales y por el acuerdo firmado con los Cinco Miembros del Consejo de Seguridad más Alemania.

Pero es grave también la denominada proliferación vertical, porque las potencias nucleares, tanto las Cinco del Consejo de Seguridad como Israel, Pakistán, India y Corea del Norte, continúan incrementando sus arsenales atómicos. De nada ha servido el Tratado de No Proliferación que se acordó en 1968 y los intentos de desarme atómico. Es cierto que hay algunos logros en evitar que naciones con desarrollos nucleares pacíficos para producir energía den el salto hacia la parte militar, como es el caso de América Latina. Por eso la importancia del Tratado de Tlatelolco y el Organismo de Proscripción de Armas Nucleares de la Región.

La contradicción en la ONU es que un grupo de países justifica el desarrollo de sus armas nucleares bajo el criterio de la disuasión pero señala el peligro de que otros puedan desarrollarla, ya conocimos la mala experiencia de Hiroshima y Nagasaki cuando se tata de la bomba atómica, por lo que debe condenarse todo desarrollo militar del átomo. Pero Chernóbil (26 de Abril 1986) y sus consecuencias como pasó en Fukushima (11 de Marzo de 2011) también nos advierte de los peligros de los desarrollos pacíficos de la energía atómica cuando estos no tienen la atención necesaria y la vigilancia internacional.

 

Julio Cesar Pineda

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