Corea: Apocalipsis o negociación

La guerra de Corea puede ser considerada el peor conflicto del siglo XX. Su justificación fue eminentemente ideológica con la naciente confrontación de los dos sistemas que iban a dominar la política y la economía después de la Segunda Guerra Mundial. Fue la primera manifestación de la Guerra Fría y de la bipolaridad en el continente asiático. Se inició en agosto de 1950 y terminó el 27 de julio de 1953 con un armisticio y la permanente amenaza de la continuación de la misma. El influyente líder comunista norcoreano Kim Il-sung, quiso extender su control sobre toda la península, contando en esa oportunidad con el respaldo soviético y de la China Popular; esta actuación fue continuada por su hijo y su nieto. Ahora Kim Jong-un con sus 33 años, ya no solo amenaza a Corea del Sur y a Japón, sino a Estados Unidos. Los comunistas hubiesen podido quedarse con toda la península, pero la reacción de Estados Unidos fue inmediata por el interés en ese nuevo Lejano Oriente. Con la aprobación de las Naciones Unidas (ONU), el presidente Truman enfrentó el proyecto comunista y bajo la dirección del general Douglas MacArthur y las tropas americanas estacionadas en Japón, frenaron el avance y derrotaron a las fuerzas armadas de Corea del Norte que retrocedieron hasta las fronteras de China. Esto obligó a una intervención masiva de tropas y voluntarios de la China comunista. La guerra se generalizó en toda la península y terminó con un armisticio y el establecimiento de una frontera artificial entre el Norte y el Sur con la línea del paralelo 38 y una con la zona desmilitarizada en Panmunjom.

El acuerdo de Potsdam permitió a Estado Unidos actuar en la península coreana. Los rusos por la importancia geoestratégica de Corea y con la influencia determinante en el Norte con su líder Kim Il-sung, siempre manifestaron permanecer en ella. El presidente Truman prefirió internacionalizar el conflicto con el recurso a las Naciones Unidas, pero dejando de lado al Consejo de Seguridad para inutilizar el veto ruso. La primera víctima de esta guerra fue la recién creada ONU, la cual Truman utilizó igualmente para dejar de lado la obligada  aprobación del Congreso de su país. Fueron las Naciones Unidas las que facilitaron el armisticio y establecieron la frontera en el paralelo 38 entre las dos Coreas.

Esta confrontación demostró, junto al poderío soviético, la nueva dimensión  militar china con la consecuente desconfianza hacia Moscú, a pesar de que Rusia continuó auxiliando a China en su camino nuclear. La ruptura de China y Moscú se concretó en 1963. La guerra de Corea, además de ser la primera crisis directa de las potencias, constituyó el inicio de la proliferación nuclear, con las 5 potencias atómicas: Estados Unidos, Rusia, China, Francia e Inglaterra; hoy al margen de esta legalidad nuclear están en desarrollo atómico militar Israel, Pakistán, India y Corea del Norte. Las negociaciones con Irán han retrasado, a pesar de su gran desarrollo atómico, el control del átomo militar.

El propio presidente Truman con el tema de la guerra de Corea consiguió recursos del Congreso para la construcción de la bomba de fusión termonuclear, a la cual también llegó Rusia en 1960.

Puede decirse que la Guerra Fría comenzó a causa de Polonia, pero con Corea se extendió a todo el planeta.

Desde el primer ensayo nuclear de Corea del Norte, el 9 de octubre del 2006, la bomba nuclear coreana fue un alerta al planeta. Desde esa época los ensayos continuaron violando el Tratado de No Proliferación (TNP). Ya Corea del Norte controla la energía bélica de la fisión nuclear con la división de los átomos pesados y su triple efecto mecánico, calórico y radioactivo. Con la reciente demostración de la bomba termonuclear por la fusión de los átomos de hidrógeno, este triple efecto ya no se cuenta en kilotones, como fue el caso de las bombas de 1945 sobre Japón, sino en megatones.

Corea con sus misiles y su bomba termonuclear, ha logrado la unanimidad en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para condenar esta escalada que, como decía recientemente Mario Vargas Llosa, podría “desatar una guerra generalizada en la que todo el siniestro polvorín nuclear en que está convertido el mundo entraría en actividad. Perecerían millones de personas”.

Un conflicto atómico sería un suicidio para la humanidad, porque los arsenales de las grandes potencias sirven para destruir 5 o 6 veces el planeta. Se impone la racionalidad y el camino de la negociación. Sería conveniente resucitar el diálogo entre los 6 Estados más implicados en este tema como son las dos Coreas, Rusia y China, Japón y Estados Unidos, es lo que ha propuesto recientemente la diplomacia Suiza.

Afortunadamente para los latinoamericanos, nuestra región está por el Tratado de Tlatelolco declarada desnuclearizada, precisamente después de la crisis de los misiles en 1962 y lo que hubiera podido ser una guerra atómica.

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