“Cuando Brasil quiere, Brasil cambia”: Las primeras horas en la era Temer

Michel Temer asumió la presidencia de Brasil en una ceremonia relámpago de apenas 12 minutos de duración que tuvo lugar este miércoles 31 de agosto. El presidente del Senado, Renan Calheiros, declaró abierta la sesión poco después de las cuatro de la tarde, hora brasileña. Convocó a Temer ante un Senado abarrotado de parlamentarios y demás autoridades, y el aludido firmó ante las cámaras el inicio de su legislatura. Temer hizo un juramente y la cámara entonó el himno de Brasil. Su primer acto como presidente fue reunirse con todos sus ministros para darles indicaciones para los próximos dos años y cuatro meses. Acababa de empezar la era Temer.

Fue una reunión televisada y en ella Temer usó un tono muy distinto a su habitual discurso prolijo y pulido. Hoy menos medido, algo más suelto. “Van a intentar, y van a conseguir con cierto éxito, en el exterior, decir que aquí ha habido un golpe de estado”, alertó a su equipo. “Un golpe que ha durado: hoy es el día número 108. Y con 40 testimonios de defensa. No se puede tolerar esa afirmación”. Y, con una rotundidad que ha sorprendido a varios politólogos en Brasilia, añadió: “A partir de ahora hay que contestar a esa cosa de golpista. Tienen que decir: ¡’Golpista es usted, que está en contra de la constitución!”.

Temer añadió que aquella mañana, en la votación de destitución a Dilma Rousseff, había visto “divisiones en la base” de su partido, el PMDB (Partido Democrático del Movimiento Brasileño): dos senadores que no habían votado a favor del impeachment como estaba pensado. “Si somos Gobierno, tenemos que ser Gobierno”, alertó. Y por último, en referencia a su apresurado viaje a China para participar en la cumbre del G-20, ordenó: “Divulguen que estamos viajando para revelar ante los ojos del mundo que tenemos estabilidad política y seguridad jurídica”.

Antes de irse, Temer tuvo otro gesto para acostumbrar al pueblo brasileño a su presencia: un mensaje para las televisiones y radios. En tono conciliador, el nuevo presidente explicó su visión del país, una en la que menos es más. “Cuando Brasil quiere, Brasil cambia”, anunció, antes de pasar a enumerar su objetivos: “Techo de gastos para el gobierno, eficacia administrativa, vuelta del crecimiento económico, generación de empleo, seguridad jurídica, ampliación de los programas sociales y la pacificación del país”. La primera alocución del nuevo presidente brasileño con una fórmula inesperadamente espiritual. “Gracias, buena suerte y que Dios nos bendiga en nuestro camino”. Dios había aparecido en muchos discursos oficiales de los últimos 13 años, pero este miércoles fue la primera vez que un presidente le confiaba el futuro del país.