El ‘Rusiagate’ se cobra otra ficha

El congresista republicano Kevin Nunes anunció ayer inesperadamente que se recusará “temporalmente” de la investigación que lidera sobre los vínculos entre la campaña de Donald Trump y el régimen de Vladimir Putin (el llamado Rusiagate) después de que el Comité de Ética de la Cámara de Representantes abriera una investigación sobre su presunta coordinación con la Casa Blanca para proteger a Donald Trump. Nunes declaró en un belicoso comunicado que su decisión se debe a que “varios grupos izquierdistas han presentado ante la Oficina de Ética del Congreso acusaciones en mi contra”, que calificó de “completamente falsas y motivadas políticamente”.

El Comité de Ética de la Cámara de Representantes informó ayer de que está “investigando” las “alegaciones” de que el congresista “puede haber difundido sin autorización información clasificada, en una violación del reglamento de la Cámara, las leyes, las regulaciones, u otros modelos de conducta”. Es un movimiento serio desde el punto de vista político, porque el Comité de Ética, al contrario que el de Inteligencia, está dividido a partes iguales entre demócratas y republicanos. Por consiguiente, para que ese órgano abra una investigación, debe contar con el apoyo de miembros de los dos partidos.

En otras palabras: al menos algunos correligionarios de Nunes creen que puede haber cometido irregularidades o ilegalidades. Es cierto que el presidente de la Cámara, Paul Ryan, que pertenece al mismo partido que Nunes y Trump, dijo ayer que el congresista investigado tiene su “confianza”. Pero también lo es que Ryan ha mostrado en muchas ocasiones que una cosa es lo que dice y otra lo que hace, y que su relación con Trump es más bien glacial. Encima, las investigaciones del Comité de Ética son poco frecuentes, lo que parece indicar que hay indicios serios de que Nunes ha actuado de forma impropia.

Todo es un claro y nuevo golpe a la estrategia de la Casa Blanca de despreciar las acusaciones de cooperación entre la campaña de Donald Trump y el Gobierno ruso. Una estrategia que choca directamente con la de la oposición demócrata, reflejada en una frase del representante Joaquín Castro, que el martes declaró a la cadena de televisión CNN que “no me sorprendería que, cuando esto termine, haya gente que vaya a la cárcel”.

Lo más paradójico es que nadie sabe exactamente qué está siendo investigado. Pero todo el mundo sabe que Nunes puede tener muchos flancos.

El congresista, que desciende de una familia de inmigrantes de las Azores, ha tratado de defender a Trump y a su entorno siempre que ha podido. Cuando el consejero de Seguridad Nacional Mike Flynn tuvo que dimitir tras haber ocultado sus contactos, realizados antes de que Trump asumiera la Presidencia, con el embajador ruso, Sergey Kislyak, Nunes dijo que “por lo que sé, Flynn estaba haciéndole un servicio a este país” al reunirse en secreto con el diplomático ruso. Sus esfuerzos, sin embargo, alcanzaron una cota peligrosa hace dos semanas.

Ese día, Nunes dio una rueda de prensa para decir que, según fuentes del espionaje de EEUU, la Casa Blanca había, por orden de Barack Obama obtuvo información de forma fortuita sobre Donald Trump durante la campaña electoral. Era información que los espías habían conseguido como parte de sus operaciones rutinarias de barrido de las telecomunicaciones, una práctica que nos ha dejado sin derecho a la intimidad, pero que en sí misma no es delictiva. Nunes dejó claro que la información no había sido obtenida de forma intencionada. Pero sus declaraciones podrían interpretarse como una confirmación de que los tuits de Donald Trump acusando a Barack Ovama de haberle espiado eran ciertos. Mejorando lo presente, Nunes fue a informar directamente a la Casa Blanca, y se negó a dar más detalles incluso a sus compañeros del Comité de Inteligencia.

Así, Nunes echaba un cable de un valor inconmensurable al equipo de Trump, gracias a sus contactos con la comunidad de Inteligencia… ¿Con la comunidad de inteligencia? No. Con la Casa Blanca. La semana pasada el diario The New York Times informó que Nunes había conseguido la información sobre el presunto “espionaje accidental” de Trump de dos miembros del Consejo de Seguridad Nacional de Trump, en una reunión en la misma Casa Blanca.

Ahora, Nunes es el centro de la investigación. Aunque él ha reaccionado de la manera más desafiante posible. En el comunicado en el que dio a conocer su auto recusación, da a entender que esas acusaciones que están siendo investigadas son parte de un intento para ocultar el supuesto espionaje de Trump que él, gracias a la Casa Blanca, destapó. Nunes también insinuaba que la directora de Seguridad Nacional y embajadora en la ONU con Obama, Susan Rice, usó esa información para espiar a Donald Trump.

Ésa es la tesis de Mike Cernovich, un bloguero de la llamada “derecha alternativa” y autor del best-seller dirigido al sexo masculino titulado La mentalidad del gorila (The gorilla mindset).

Cernovich es un defensor de un tipo muy específico de masculinidad plasmada en argumentos como que “contraer sida siendo hombre heterosexual es virtualmente imposible” y “el 40% de las mujeres tienen como fantasía sexual que las violen”.

Su teoría de que Rice espió a Donald Trump fue respaldada por el propio presidente el martes, en una entrevista con The New York Times en la que calificó lo que presuntamente hizo la asesora de Barack Obama de “crimen”, aunque hasta la fecha nadie ha podido proveer ni un solo indicio.