Fidel Castro y lo inesperado

En estos días al contemplar las celebraciones de los 90 años del líder cubano Fidel Castro, transmito mis recuerdos cuando una década antes coincidimos en Cuba invitados por el gobierno, diferentes periodistas venezolanos entre ellos Nelson Bocaranda, José Vicente Antonetti y Nicol Michelle. La entrevista en el Palacio de La Revolución podría ser catalogada como la más larga e ininterrumpida, se inició a las 07:00 de la noche y culminó a las 07:00 de la mañana del día siguiente, mientras tomábamos la foto oficial de despedida,

Fidel Castro escribió un saludo para el presidente Chávez en un libro que tenía en mis manos y encarecidamente solicitó que se lo entregara personalmente con la siguiente dedicatoria: “Hugo, espero no haber terminado de hundirte esta noche”. Desde las 12:30 de la noche, ya sin medios de comunicación en el aire, mantuvimos una agradable conversación sobre los más variados temas con el mandatario cubano, incluyendo la referencia a su educación católica con los jesuitas, hasta recitar algunas oraciones que recordaba, entre ellas, el Padre Nuestro.
Fue una oportunidad para conversar sobre el tema nuclear. Como diplomático había representado a Venezuela ante la Organización Internacional de Energía Atómica en Viena, ahí conocí a Fidel Castro Díaz-Baralt, el hijo mayor de Fidel, físico nuclear, graduado en la Unión de República Socialista Soviética (URSS) y director del proyecto nuclear cubano desde 1980 hasta su cierre por falta de recursos y asistencia técnica cuando cayó el muro de Berlín y Gorbachov abrió el país a la democracia con un gran conocimiento de los reactores y el uranio que existe en América Latina, siempre insistían en que nuestros países deberían ingresar a la era nuclear, incluyendo aquellos petroleros, los cuales podrían aprovechar una mayor exportación para la mejora de sus finanzas. Posiblemente fue Fidel quien motivó al presidente Chávez a tomar la decisión de ingresar a la carrera atómica, con la adquisición de un reactor nuclear de 500 megavatios que empezó a negociar con Rusia, pero por el accidente radiactivo en Fukushima y la reacción adversa del mundo tuvo que ser suspendido. Es posible que ahora también haya influido en la decisión de Bolivia para la construcción de un centro nuclear con la empresa rusa Rosatom, una de las firmas líderes en materia atómica.
Fidel conversó sobre todos los temas de la economía, la política y la cultura latinoamericana. Por supuesto, se refirió largamente a la esperanza que tenía depositada en el presidente Hugo Chávez.
Cuando regresamos a Caracas, conservé por varios meses el libro firmado por Fidel con el mensaje al señor Presidente, hasta que una mañana, habiendo sido informado por Marcel Granier de una visita con desayuno a Radio Caracas Televisión en la que compartiría con sus directivos y gerentes, en tiempos de armonía entre el gobierno y los medios de comunicación, aproveché la oportunidad de entregárselo con un breve comentario verbal del saludo personal de Fidel Castro. Con el presidente Chávez nunca había tenido contacto personal, ya que me encontraba en el exterior ejerciendo cargos diplomáticos desde que él ingresó a la política. Cuando ganó las elecciones y yo ejercía el cargo de embajador de Venezuela en Libia, me correspondió tramitar la invitación a la toma de posesión para que el líder Muamar Al Gaddafi viniese a Venezuela como invitado especial. El líder libio estimó no poder arriesgarse a salir en esos tiempos polémicos para su gobierno y delegó en el general Mustafá Al-Jarubi su representación.
En París, había compartido con Chávez como presidente electo en una cena organizada por el director de la revista “Política Internacional”, Patrick Wajsman en su lujoso apartamento cerca de Trocadero, muy cerca de la embajada de Venezuela. Esta invitación había sido sugerida por el constitucionalista Hermann Escarrá para que yo sirviera de intérprete en una reunión especial que él había planificado con sus colegas franceses, dirigidos por Guy Carcassonne, padre de la Constitución francesa de 1958.
Volviendo a aquella noche en La Habana, cuando Fidel Castro nos hablaba de sus preocupaciones por la seguridad del presidente Hugo Chávez Frías y de los riesgos a su integridad, desde su propia experiencia jamás imaginó el terrible drama que su homólogo venezolano iba a enfrentar con el cáncer que lo condujo al sepulcro, hecho que precipitaría el ocaso del socialismo del siglo XXI y a largo plazo los cambios que su hermano Raúl Castro con un sentido pragmático tendría que emprender para acercarse a Estados Unidos, después de la crisis del petróleo venezolano y de haber fracasado el modelo soviético. Como nunca se cumplía la metáfora de El cisne negro, descrito en la obra de Nassim Taleb, con el impacto de lo altamente improbable y las múltiples consecuencias que produce. Por eso Heráclito De Efeso aconsejaba esperar lo inesperado porque sino no lo reconocerás cuando llegue.
@jcpinedap

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