La verdadera muerte de un líder

El poder como concepto de las ciencias sociales y de la sociología política

jueves 10 de marzo de 2016

Hace unos días al entrevistar a la embajadora de Sudáfrica en Venezuela, la Sra. Thaninga Pandit Shope-Linney, para nues-tro programa de televisión “Embajadas y Embajadores”, nos decía que la importancia y la trascendencia de la vida y la obra de Nelson Mandela fue por la relación directa con su pueblo como totalidad, más allá de las diferencias; y como encarnación de sus sueños y necesidades de toda la población sudafricana, con esa connotación emocional positiva en una síntesis de aspiraciones colectivas comprendidas por él con una imagen y un perfil simbólico, que se imponía por el consenso. Es lo que algunos politólogos llaman la “plusvalía de la legitimidad”, que se expresa más allá del cargo o función social y que constituye una fuerza movilizadora en función del afecto y del liderazgo. Los presidentes o jefes de Estado cumplen su función, con su balance de realizaciones y fracasos, por eso la alternabilidad de las fuerzas políticas, ideológicas y de los liderazgos.

Una categoría especial es la de los líderes mesiánicos que se creen predestinados para realizar un programa o un proyecto, justificado en una prédica populista y que quieren proyectarse en la historia con la ruptura del pasado y la construcción de un ideal, valiéndose de sus numerosas cualidades personales y conociendo las circunstancias de sus pueblos. Ellos tratan de concentrar el poder absoluto bajo la excusa de interpretar al pueblo casi siempre con actitudes parciales y con la vieja consigna del dilema “amigo/enemigo”, modernizado en el planteamiento de Karl Smith. Este mesianismo de corta o larga duración casi siempre termina en tragedia, luego de corto o largo tiempo de encantamiento popular.

Fue el destino trágico desde Calígula en la antigüedad como en tiempos más recientes de Mussolini o Hitler y muchos dictadores del Tercer Mundo. Tuvieron la totalidad del gobierno y manejaron toda la institucionalidad civil y militar como también los recursos pero no lograron y ahí esa simbiosis y esa afectividad que solo los grandes estadistas, como Nelson Mandela o los grandes conductores como Ma-hatma Gandhi lograron con todos y cada uno de sus compatriotas, por eso este tipo de líder nunca muere porque el mensaje continúa permanente y la devoción es absoluta.

Gabriel García Márquez, quien estaría cumpliendo en estos días 89 años, en un artículo a propósito de Salvador Allende, titulado “La verdadera muerte de un Presidente”, señalaba que en el caso del líder chileno aprendió demasiado tarde que no basta tener el Gobierno sino que es necesario lograr el poder.

El poder como concepto fundamental de las ciencias sociales y particularmente de la sociología política solo es posible en la sintonía absoluta del líder con el mensaje y con todos los integrantes de la nación pero entendiéndolo en su perspectiva sustancial, institucional e interactiva, con sus ofertas y gratificaciones tanto materiales como espirituales. “Se puede tener todo el gobierno, tanto por vía electoral como por golpe de Estado, ya sea constitucional o militar, pero si no se logra lo que Gramsci llamaba “el bloque histórico” con la importante función de los intelectuales y el consenso de todas las sociedades, en una síntesis del poder político y cultural, solo se queda referido a estructuras burocráticas que el propio Gramsci criticaba en la era soviética incluyendo el control de los aparatos de represión para la obediencia absoluta. Así se tiene el Gobierno pero no el poder. Pudiera decirse que eso le falto a Allende, a pesar de sus grandes propósitos e incluso podríamos también afirmarlo del propio presidente Chávez, cuya muerte física fue anunciada hace 3 años pero que como los grandes líderes la vida puede prolongarse hasta que tenga vigencia su ideario y sus realizaciones.

América Latina

Los últimos acontecimientos en América Latina, en Argentina con la elección del presidente Macri del 22 de noviembre y el fracasado referéndum continuista del presidente Morales el 21 de febrero, el cuestionamiento a los presidentes Lula y Rousseff en Brasil y las elecciones parlamentarias venezolanas del 6 de diciembre, parecieran señalar el fin del socialismo del siglo XXI en el continente.

Nelson Mandela como Mahatma Gandhi seguirán viviendo porque sus ideales siguen vigentes, y nadie cuestiona la desaparición de los mismos. Murieron los viajeros pero siguen los caminos.

En alguna oportunidad nos permitimos hacer un ensayo “El Cisne Negro, el cáncer de Hugo Chávez y la enfermedad de los líderes mesiánicos”, donde hacíamos una reflexión de la ilusión que genera el poder y de la fragilidad de quienes lo manejan cuando quieren impregnarlo en un proyecto personal o social y que permanezca en otros lugares y en otro tiempo a pesar de las desapariciones de los líderes.

JULIO CÉSAR PINEDA

 

info@brujulainternacional.net

10 de marzo universal

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