Miedo en Podemos por el futuro de Iglesias ante el fracaso de la moción de censura

La moción de censura presentada por Podemos contra el Gobierno de Mariano Rajoy amenaza con convertirse en un auténtico boomerang contra aquel que la promovió, el secretario general de la formación morada, Pablo Iglesias. Según se acerca el debate, el próximo martes y 13 de junio, se afianza la sensación en un sector del grupo parlamentario morado de que el líder calculó mal al anunciar y registrar una iniciativa que creen puede acabar de quemar su discurso entre el centro del electorado, indispensable para alcanzar La Moncloa.

El escenario con el que Iglesias calculó el lanzamiento de la moción de censura -la elección de Susana Díaz como secretaria general del PSOE- se ha revelado errado y también el registro de la iniciativa, el viernes anterior a las primarias socialistas «Si hubiera esperado a conocer lo que pasaba en el PSOE, registrándola el lunes siguiente, ya no la hubiera presentado», aseveran fuentes del grupo morado. «Se equivocó en el resultado de las primarias y se precipitó a la hora de registrarla. Y eso le puede pasar una factura muy alta», concluyen.

¿Tras los pasos de Hernández Mancha?

La factura a la que aluden no es otra que la que acabó pagando el presidente de Alianza Popular, Antonio Hernández Mancha, en 1987 tras quedarse solo en la defensa de una moción de censura contra el Gobierno de Felipe González. Logró sumar 195 votos en contra frente a tan solo 67 a favor y el futuro político del dirigente popular quedó tocado de muerte. Lejos de salir proyectado del debate, como él mismo esperaba, Hernández Mancha se convirtió en el objetivo a batir tanto por el resto de los grupos de la oposición como por el propio Gobierno y su imagen perdió enteros ante el electorado.

Dos años después, en 1989, Alianza Popular se reconvertía en el Partido Popular y era sustituido por un nuevo delfín: José María Aznar. Nada que ver con el resultado cosechado en 1980 por Felipe González contra el entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. Con un ajustadísimo resultado de 152 votos a favor frente a 166 en contra, pudo desgastar en cierta medida la imagen del jefe del Ejecutivo pero su mayor logro fue que obtuvo la imagen de presidenciable.

En la historia de la democracia española solo se han debatido estas dos iniciativas. Ninguna de ellas logró expulsar al Gobierno y lo que establecieron en un caso y otro fue el futuro político del candidato, no el del presidente al que se pretendía censurar.

Esta mirada hacia atrás ilustra perfectamente cómo las mociones de censura son un arma de doble filo. Y es que no es fácil que una moción de censura triunfe en España. La Constitución recoge esta iniciativa en su artículo 113 con suma prudencia para evitar que sea una herramienta que pueda favorecer fácilmente el cambio del Gobierno.

Quizás en un nuevo error de cálculo, Iglesias ha pasado por alto que la Carta Magna intenta evitar que, precisamente, en un escenario político multipartidista como el actual la moción de censura pueda alimentar la inestabilidad política. Para ello otorga ciertas ventajas al Gobierno elegido que quizás Iglesias no llegó a calibrar con serenidad antes de anunciar su moción de censura como tampoco lo hizo Hernández Mancha en su día. La principal es que la censura va obligatoriamente acompañada de una nueva propuesta de presidente del Gobierno para evitar la mayoría negativa, esto es, coincidencia para hacer caer a un presidente sin un acuerdo sobre su sucesor. La otra clave es que para ser aprobada debe lograr el apoyo de la mayoría absoluta frente a la mayoría simple con que el presidente puede haber sido investido, como en esta ocasión. Y no es menor el hecho de que la ordenación del debate se centre sobre el programa de Gobierno del candidato quedando el diálogo sobre la censura al presidente en un segundo plano.

En el caso de la moción de censura de Iglesias, el resultado más evidente es que conseguirá reforzar a Rajoy en un momento de debilidad por los casos de corrupción que afectan a Génova. Y que la imagen de alternativa única al PP con la que pretendía vestirse tras el debate quedará en evidencia al no sumar más aliados que ERC y, como mucho, Bildu, porque el secreto del éxito de una moción de censura no es otro que los apoyos que logran sumarse entre el resto de la oposición.

Una vez fracasada la estrategia partidista con la que planteó la iniciativa, casi todos los partidos de la oposición creen que «por decencia»debería retirarla. Para no dar alas a Rajoy.

Consciente de todo este panorama, Podemos está intentado descargar en los socialistas toda la responsabilidad por el fracaso de la moción. Pero el nuevo PSOE de Pedro Sánchez y su relato del «no es no» es imbatible. Ferraz espera con absoluta tranquilidad la llegada del 13 de junio mientras sigue deshojando la margarita, entre el no y la abstención. Los argumentos a favor del primero es la «traición» que a ojos de los socialistas cometió Iglesias al votar en contra de Sánchez durante la legislatura pasada. Y la idea que da alas a la abstención es reducir el refuerzo que obtendrá Rajoy, si toda la oposición vota en contra de expulsarle de La Moncloa. Iglesias sabe que sus argumentos caen en saco roto y, a una semana del debate, sigue sin saber cómo evitar el retorno de un peligroso boomerang que no debió haber lanzado.

Fuente: ABC

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