Reino Unido empieza a pagar el precio del Brexit

La histórica decisión que hace casi un año tomaron los ciudadanos británicos de abandonar la Unión Europea, el conocido Brexit, empieza a notarse ya en sus bolsillos. La economía británica creció tan solo un 0,2% en los tres primeros meses de este año, frente al 0,7% que lo hizo a finales de 2016. Esta caída de la actividad ha sido fruto, según los analistas, de la caída en las exportaciones de un 1,6%, lo que ha supuesto que el comercio exterior del país se haya quedado en el 1,4% del Producto Interior Bruto (PIB), un mínimo histórico también. Con todo ello el gasto de las familias se está reduciendo a mínimos de 2014.

Todos estos nubarrones se están dejando notar en la cotización de la libra esterlina, que ha perdido un 16% en el último año y ha neutralizado la subida de la Bolsa de en torno a un 20% que se ha producido desde entonces. De este modo el 80% de lo que ha ganado el ahorrado británcio en el parqué del FTSE ya se ha evaporado con la depreciación de su moneda. Como es lógico, esta devaluación ha encarecido ya el coste de la vida para la población británica, con la mencionada inflación en el 2,6% en abril, frente al 0,5% registrada en junio de 2016, el mes en el que se celebró el referendum del Brexit. El Banco de Inglaterra prevé que la inflación cierre en el 2% este año pero, a tenor de lo ocurrido hasta abril, todo apunta a que se rebasará con creces la previsión.A este panorama se añaden el incierto resultado de las elecciones generales de la próxima semana, que determinarán el rumbo de la negociación política del Brexit.

La Comisión Europea aseguraba en sus últimas previsiones macroeconómicas para toda Europa que «el crecimiento de la economía británica se mostró bastante resistente en la segunda mitad del año 2016, pero perderá fuelle a lo largo de 2017 y 2018, fruto entre otras cosas de la bajada que se espera en el consumo privado por la subida de los precios por encima de lo que lo harán los salarios. En este contexto, esperamos que la inversión de las empresas se estanque ante el escenario de incertidumbre que se abre. El único dato positivo vendrá por la vía de las exportaciones, que aumentarán un 3,4% este año fruto de la depreciación de la libra».

El futuro de las exportaciones británicas es sobre el que pesa más incertidumbre, ya que es una de las cuestiones más espinosas que estará sobre la mesa de la negociación entre el Gobierno británico que salga de las urnas el próximo día 8 y la Unión Europea. Si Reino Unido pierde finalmente el acceso a exportar sus productos sin pagar aranceles en Europa, que es muy sintéticamente lo que significa el mercado único europeo, las exportaciones británicas podrían reducirse considerablemente, ya que se encarecerían en el caso de las que tuvieran como destino el mercado ùnico europeo.

Toda esta caída de la actividad económica se dejará sentir en el empleo aunque, al contrario de lo que pudiera parecer, no tanto como en otros países con legislaciones laborales menos flexibles. Así, la creación de empleo se ralentizará y aumentará solo un 0,6% este año, frente al 1,4% del año pasado.El cuanto al paro la previsión es que subirá, aunque de manera modesta desde el 4,8% de 2016 al 5% este año y al 5,4% en 2018.

El panorama es máxima incertidumbre. Y, lo que es peor, todas estas previsiones de Bruselas, están empezando a confirmarse ya.

Recesión en el horizonte

El comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, ya anticipó en julio del año pasado, solo un mes después de que se votara el Brexit, que la economía del país podría llegar incluso a entrar en recesión fruto de la decisión de salir de la Unión Europea, y todo apunta a que podría suceder.

Pero, dejando a un lado la macroeconomía y los análisis sesudos, hace unos días la cadena de grandes almacenes británica Marks & Spencer aseguró en un comunicado que están pasando por tiempos complicados, en alusión al alza de costes de importación que está sufriendo como consecuencia de la depreciación de la libra.

En la misma línea, aunque menos teórica, están los supermercados que han decidido ir trasladando poco a poco el aumento de sus costes a los clientes, ya que no hay que olvidar que Reino Unido importa alrededor de la mitad de los productos que se venden en los supermercados de ese país que, volvemos a lo mismo, se han encarecido fruto de la depreciación de la divisa británica.

El Gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, no ha tenido más remedio que advertir que «estamos en tiempos de cambio», lo que de momento no se traducirá en una subida del precio del dinero en ese país, que está en un histórico bajo nivel del 0,25%. Los analistas no esperan una subida de tipos por lo menos hasta 2019, una vez que en teoría se haya materializado la salida de Reino Unido de la Unión Europea.

El precio de las casas, a la baja

Y, como en muchos otros países, uno de los mejores termómetros para medir la salud de una economía es el comportamiento del sector inmobiliario. En concreto este mes de mayo, y por tercero consecutivo, el precio de las casas en Reino Unido ha bajado, lo que no ocurría en los últimos ocho años, según datos de Nationwide Building Society. Aunque la caída ha sido suave, un 0,2% en relación al mes de abril, si trasladamos el descenso a tasa interanual ha sido de un 2,1%, con lo que se trata del mayor retroceso en el precio medio del «ladrillo» en ese país desde el año 2013.

Moscovici: «la economía de Reino Unido podría llegar incluso a entrar en recesión fruto del Brexit»

En concordancia con todo lo anterior el número de hipotecas ha caído también y en abril registró su nivel más bajo en siete meses. Lender Halifax aseguró el mes pasado que el valor de las casas ha caído en el primer trimestre por primera vez en cuatro años.

Todo lo anterior viene a confirmar que las decisiones políticas tienen consecuencias económicas que, además, son susceptibles de empeorar. Según el último informe del Centre for Economic Performance, «si Reino Unido deja la Unión Europea sin acuerdo el impacto negativo de perder el mercado único europeo se multiplicará por dos». Esta opinión de expertos del mencionado instituto contrasta con la ofrecida por la primera ministra, Theresa May, en las últimas semanas en el sentido de que «un no acuerdo es mejor que un mal acuerdo». El mencionado informe cuantifica además que «si Reino Unido tiene finalmente que pagar aranceles de entrada por sus productos en la Unión Europea, el flujo comercial con esta parte del mundo se reducirá un 40% en la próxima década, lo que se traducirá en una reducción de un 3% en los ingresos per cápita».

Las conversaciones formales sobre el Brexit comenzarán oficialmente el 19 de junio, una vez que el próximo día 8 se conozca el nombre del nuevo primer ministro del país. Hasta el momento Theresa May, que hace unas semanas tenía clara ventaja sober su rival laborista Jeremy Corbyn y que ahora se ha ido reduciendo, ha apostado por intentar mantener el acceso al mercado interno europeo, a lo que se han negado desde Bruselas. Otra posibilidad que se podría barajar es que a cambio de mantener el acceso al mercado Londres abriera la puerta a permitir la libre circulación de ciudadanos comunitarios en su territorio. Algunos analistas de mercados, como es el caso de Coutts & Co., creen que «un triunfo de May con cinco años por delante facilitaría la compleja negociación del Brexit, en la que habría uno o dos años de transición hasta llegar al acuerdo final al término de su mandato».

Desde Western Asset, filial de Legg Mason, el analista Andrew J. Belshaw, considera que «una mayoría de menor envergadura para los conservadores o incluso un Parlamento sin mayoría absoluta ahondarían la depreciación de la libra debido al rumbo aún más incierto que tomarían las negociaciones del Brexit».

Carney: «estamos en tiempos de cambio», aunque de momento no se espera alza de tipos

En todo caso no hay olvidar que salir del club europeo tiene un precio, que aún no ha sido fijado, pero que, según algunas informaciones, podría llegar hasta los 60.000 millones de euros, según datos de la Comisión Europea, de modo que para las arcas británicas, cuanto más tarde se pague la factura de la salida, mejor. Londres, por supuesto, se ha apresurado a rechazar el montante mencionado y ha insistido en que el país pide una profunda y especial relación con Europa.

or su parte Hermenegildo Altozano, socio del despacho de abogados Bird & Bird, considera que «es indudable que la negociación de los términos del Brexit representa una situación de incertidumbre que está afectando adversamente a determinadas decisiones de inversión. Sin embargo, hay numerosos proyectos de inversión desde el Reino Unido que se mantienen, al igual que ocurre con proyecto de inversión hacia ese país». En cuanto a la salida de capitales Altozano niega la mayor y asegura que «es algunos casos un previsible mejor tratamiento impositivo de las rentas en Reino Unido con el fin de atraer futuras inversiones puede ser determinante para que haya flujos en dirección a ese país».

Posible Plan B

En todo caso, y relaciones especiales al margen, en Bruselas ya están trabajando en un posible Plan B, diseñado por el negociador europeo, el francés Michel Barnier. Según Andrew Dull, analista de European Policy Center (EPC), «las opciones de un Plan B en que trabaja Bruselas van desde un pacto comercial bajo el amparo del Artículo 207 del Tratado de Funcionamiento de la UE a un acuerdo completo de asociación, bajo el mismo paraguas legal, que incluiría cooperación intensiva intergubenamental en seguridad y defensa, y una vez que las aguas se hayan calmado Reino Unido siempre tendrá la puerta abierta para pedir de nuevo su ingreso en la Unión Europea, en este caso bajo el artículo 49». Incluso un Brexit de ida y vuelta puede ser una opción de futuro para un Reino Unido sumido en las dudas.

Fuente: ABC

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