Rex Tillerson: “El futuro de Asad lo decidirán los sirios”

El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, ha aprovechado una rueda de prensa anodina junto a su homólogo turco para descargar al final, como una bomba, el anuncio de un cambio de postura crucial de su país en Siria. “El estatus del presidente Asad a largo plazo lo decidirá el pueblo sirio”, ha sentenciado Tillerson, parafraseando al mismo máximo dirigente sirio y acabando con aquel “Asad debe irse” que había abanderado, aunque suavizado al final del término, su administración predecesora.

El sucesor de John Kerry, quien fracasó en sus intentos de resolver la guerra siria tras armar a opositores de todo pelaje y acabar negociando con Rusia, pronunció esta frase en el mismo día en que la ONU anunció que el conflicto sirio ya ha provocado más de cinco millones de refugiados. “Con el número de hombres, mujeres y niños huyendo de seis años de guerra en Siria supera la marca de los cinco millones, la comunidad internacional necesita hacer más por ellos”, demandó Naciones Unidas en su comunicado.

Casi tres millones de refugiados sirios permanecen en Turquía, sobrepasada por las exigencias humanitarias de tamaña población exiliada. La agencia de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (UNOCHA) estima, además, que hay cerca de 6,3 millones de desplazados internos dentro de Siria. Viven atendidos, aunque al límite por falta de donaciones, tanto por el Gobierno sirio y sus aliados, como por ONG que cooperan con actores presentes en zonas bajo control opositor.

Si la frase “Asad debe irse” fue el epíteto del Gobierno de Barack Obama al referirse a Siria, Trump parece haberlo cambiado por “que el pueblo sirio decida”. Es algo que ha defendido también la oposición, pero exigiendo unas elecciones futuras sin Asad de candidato. Por contra, Bashar Asad, cuyo padre se aupó con un golpe de Estado, y ambos han ganando todas las sucesivas elecciones con mayorías descabelladas en cualquier democracia, cuenta con seguir gobernando. Y EEUU ya no le dirá que no.

El mensaje de Rex Tillerson va al compás de la política anunciada por Donald Trump en Siria: Estado Islámico, Estado Islámico y Estado Islámico. La organización armada liderada por el auto proclamado califa Abu Bakr Bagdadi es el objetivo primordial de los estadounidenses, que ya no dan señales de querer seguir entrenando o facilitando armas a brigadas anti Asad, táctica que en ocasiones fue polémica porque estas armas, e incluso combatientes formados, acabaron en las filas más extremistas. En su empresa, los estadounidenses están dispuestos a seguir contando, en el campo de batalla, con el apoyo de otra organización considerada “terrorista”: las milicias kurdo sirias, conocidas como YPG/J, e integradas por miembros del PKK. A pesar de Erdogan.

Reunión a puerta cerrada

Rex Tillerson aterrizó pronto en Ankara, se vio brevemente con el primer ministro Binali Yildirim y luego se reunió a puerta cerrada con el Presidente turco durante dos horas y 10 minutos. Como conclusión el periódico turco ‘Hurriyet’, citando fuentes presidenciales aseguró que ambos habían “debatido los pasos a adoptar conjuntamente en el marco de la lucha contra el terrorismo, empezando por Daesh – Estado Islámico, de siglas IS en inglés – en Irak y Siria”.

El objetivo de Recep Tayyip Erdogan era disuadir a su aliado en la OTAN de apoyar a los kurdos -integrados, junto a milicianos árabes y turcomanos, en la coalición Fuerzas Democráticas Sirias-, en la presente ofensiva contra el IS en la ciudad de Raqqa. Turquía, que este miércoles finalizó la operación ‘Escudo del Éufrates’ -que en siete meses ha logrado alejar al IS de sus fronteras, pero no desactivar las fuerzas kurdas- quiere que Washington cuente, en su lugar, con su ejército y brigadas islamistas aliadas.

Erdogan “indicó la necesidad de cooperar con actores correctos y legítimos en la lucha antiterrorista”, según el ‘Hürriyet’. Tras el encuentro entre Tillerson y el ministro de Exteriores turco, Mevlut Çavusoglu, el segundo anunció que su homólogo había reconocido que no hay diferencia entre las YPG/J y el PKK. Pocas semanas después de haber incrementado el número de soldados de EEUU en el bando kurdo contra el IS, Tillerson se limitó a pedir “profundizar” en la cooperación con Turquía contra los yihadistas.

El secretario de Estado, criticado en su país por carecer de los galones y la autoridad que su cargo exige, reconoció en rueda de prensa que Estados Unidos y Turquía deben tomar “decisiones difíciles” sobre cómo combatir al IS en Siria. Sin detallar cambio de postura alguno, Tillerson añadió que él y los turcos están explorando “un número de opciones y alternativas” para Raqqa. Çavusoglu se confesó que el apoyo de EEUU a las fuerzas kurdas en Siria ha “entristecido” a Turquía y afectado las relaciones bilaterales.

Sin embargo, quiso aclarar el canciller turco, su deseo es mejorar las relaciones entre ambos países, dañadas durante los últimos meses con Obama en el cargo. Çavusoglu acusó al anterior Gobierno de EEUU de “apoyar” a las YPG/J y a FETÖ, la organización cuyo líder Fethullah Gülen, autoexiliado en Estados Unidos, es acusado por Ankara de haber orquestado el golpe. Washington ha rechazado hasta el momento extraditar a Gülen mencionando, entre otros motivos, falta de pruebas de su implicación. Çavusoglu dijo tener “esperanzas” de que, al menos, se cumpla con su petición de arrestar al predicador.

Gülen es la segunda cuestión crítica que abordaron ambos países. Es especialmente controvertida desde que, la semana pasada, el ‘Wall Street Journal’ desvelara que Mike Flynn, asesor en Seguridad Nacional de Trump -dimitido tras un escándalo que le involucró con el embajador ruso- discutió con altos funcionarios turcos, el septiembre pasado, sobre formas de extraer de EEUU al teólogo y ex aliado de Erdogan sin pasar por el proceso legal o judicial ordinario.