«Sobre el relativo fracaso del sector turismo en Venezuela» por Javier Hernández

“Venezuela puede vivir del turismo” o “el turismo es el nuevo petróleo” son frases muy comunes, repetidas hasta la saciedad por funcionarios públicos, dirigentes políticos tanto de gobierno como de oposición, académicos e investigadores, dirigentes gremiales y un largo etcétera. Con semejante consenso respecto a las potencialidades del país para desarrollar una industria turística mundialmente competitiva, dada la envidiable dotación de recursos y paisajes naturales en todo nuestro territorio ¿cómo es posible que la actividad turística en Venezuela sea un fracaso? Veamos

Desde el punto de vista del usuario, todos podemos encontrar explicaciones y muy seguramente podremos enumerar un rosario de carencias y debilidades que enfrenta el sector turismo y que se constituyen en graves obstáculos para el aprovechamiento de las potencialidades del pais. Desde el gravísimo problema de la inseguridad personal, pasando por las notables deficiencias en los servicios públicos en el interior del país, el estado de las carreteras, el drama del transporte terrestre y aéreo, sometido a regulaciones de precios que sirven únicamente para la reventa y el surgimiento de “mercados paralelos” en sus servicios, se le suman ahora las dificultades asociadas a una economía postrada y en ruinas, en las que la posibilidades de consumo de la población rara vez alcanzan siquiera para la alimentación familiar, la falta de dinero en efectivo y el colapso de las telecomunicaciones en el interior del país, configuran un escenario nada alentador para el turismo, especialmente para el turismo receptivo.

Importadores netos de servicios turísticos

Desde el punto de vista económico, Venezuela ha exhibido históricamente un saldo negativo en la balanza turística, lo que significa en términos prácticos, que es mayor la cantidad de residentes en el país que viajan al exterior, que la cantidad de extranjeros que nos visitan. De acuerdo con las últimas cifras disponibles en el sitio web del Ministerio del Turismo, para el año 2014, los residentes en Venezuela gastamos en el exterior USD 3.2 millardos, comparado con USD 1.8 millardos en 2010. Durante el lapso 2005-2013, la salida de venezolanos al exterior pasó de 1.067.231 viajeros a 1.931.397, lo que equivale a un 80% de incremento. Por su parte, en el mismo lapso, el turismo receptivo pasó de 846.448 visitantes a 1.084.776, un crecimiento de sólo 28%, representando en su momento cumbre, un ingreso de USD 1.5 millardos, es decir, menos de la mitad de lo que gastamos los venezolanos en el exterior ese mismo año.

Este fenómeno sin duda, guarda relación con la fuerte sobrevaluación del bolívar respecto al dólar repartidos a través de los mecanismos oficiales de asignación de divisas, que se produjo durante el paroxismo de la bonanza petrolera vinculada al incremento de los ingresos por exportación petrolera y al masivo endeudamiento realizado por la administración Chávez, amparado en el alto precio del petróleo y en la debilidad institucional y la falta de contrapesos políticos que caracterizaron su gestión de gobierno. El cupo viajero a dólar subsidiado benefició enormemente la importación de servicios turísticos, profundizando aún más la brecha estructural de la balanza turística criolla.

Comparaciones odiosas

Para darle un poco de contexto al relativo fracaso de la industria turística nacional, es necesario hacer algunas comparaciones con países de la región y de algunas condiciones similares (aun cuando sabemos que Venezuela cuenta con potencialidades prácticamente únicas)

Bolivia por ejemplo, de acuerdo con cifras del Banco Mundial recibió en 2003, 427.000 visitantes, que le reportaron 243 MM USD en ingresos. En 2015, la cantidad ascendió a 882.000 visitantes, reportando ingresos en divisas por 804 MM USD, equivalente al 8.10% de sus exportaciones totales.

Colombia pasó de recibir 625.000 turistas y USD 1.2 millardos en 2003 a recibir 3 millones de visitantes en 2015, lo que les reportó más de 5 millardos de dólares en entrada de divisas, equivalente al 11% de sus exportaciones ese año.

Finalmente, la entrada de visitantes a muchos países que sin lugar a duda carecen de los atractivos turísticos de Venezuela, superan con creces el volumen y la importancia del sector turístico para sus respectivas economías. Irán (5.2 MM visitantes), Irak (892k) Nicaragua (1.4 MM) y El Salvador (1.4MM) hoy superan a Venezuela como destino turístico internacional, lo que evidencia el rotundo fracaso de los intentos para posicionar a Venezuela como polo del turismo internacional.

Oportunidades

Hace poco estuve en el Teleférico de Mérida (paseo ampliamente recomendado) y pude comprobar una vez más que el turismo en el país tiene unas enormes potencialidades que no se compadecen con la actual situación del sector. No se trata sólo de la ya inmensa dotación de recursos naturales del país, sino de la existencia de capacidad de atención y servicio de diferentes operadores turísticos que pueden ser incentivados al desarrollo de productos competitivos en precio y calidad. La despenalización de los tipos de cambio no oficiales legalizaría de hecho una situación que ya se evidencia en la práctica: al tipo de cambio paralelo, Venezuela es un destino extremadamente barato para el turista extranjero. Aunque no es lo ideal desarrollar la competitividad con base en el precio únicamente, es claro que, en términos de Porter, el liderazgo en costos es una estrategia válida, en particular en una situación de emergencia como la que vive la depauperada economía venezolana.

Permitir que lo que hoy es un dolor de cabeza para los venezolanos (el precio del dólar) se convierta en una ventaja competitiva, especialmente el sector turismo, debería ser una de las primeras medidas a tomar por las autoridades. En tal sentido, una ampliación del convenio cambiario Nº 36, podría constituirse en una válvula de escape para la atribulada economía nacional e iniciar el camino para que Venezuela, ahora si, comience a transitar hacia la economía post petrolera.

 

Javier Hernández Economista UCV. Consultor empresarial independiente

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