Un fallo con los sobres de voto obliga a posponer las presidenciales en Austria

Nuevo golpe a la imagen internacional de Austria. Las elecciones presidenciales celebradas el pasado mes de mayo fueron anuladas dos meses después por irregularidades en el recuento de votos. Ahora, el Gobierno se ha visto obligado a posponer la fecha en la que debían repetirse los comicios, en principio previstos para dentro de tres semanas.

 Las formaciones parlamentarias han acordado que se celebren el 4 de diciembre. Estas elecciones acapararon una atención inusitada fuera del país por el ajustadísimo resultado y por la posibilidad de que un ultraderechista llegara a la cúpula del Estado por primera vez en la historia moderna de Austria.

“El objetivo es celebrar las elecciones en 2016”, dijo el lunes desde Viena el ministro del Interior, Wolfgang Sobotka, que se disculpó ante los ciudadanos por la nueva chapuza. El portavoz parlamentario socialdemócrata, Andreas Schieder, aseguró ante la prensa que los partidos han optado por el 4 de diciembre ya que por razones técnicas y organizativas el 27 de noviembre —la otra fecha propuesta— era demasiado pronto.

Nadie garantiza que para entonces esté solucionado el problema con el pegamento de los sobres electorales, que no cierra correctamente. El ministro pasó por el mal trago de explicar los motivos por los que Austria, el cuarto país con mayor PIB per cápita de la UE que lleva desde el pasado mes de julio sin presidente, se ve obligado a repetir las elecciones por algo aparentemente irrelevante. “Los sobres de los votos tienen pegamento en la parte de arriba y a un lado. El pegamento no fija bien y pasados 20 o 25 minutos se pueden abrir fácilmente”, aseguró Sobotka.

La kafkiana situación que vive Austria ha servido para que Norbert Hofer, candidato a presidente del partido derechista antiinmigración FPÖ, sugiera que tras el retraso se esconden motivos políticos, y no técnicos. “¿Por qué hay interés en que se celebren más tarde las elecciones?”, clamó ante sus seguidores este fin de semana, cuando ya parecía claro que no se iba a cumplir el calendario previsto. “Pero os digo algo: si alguien se cree que me va a faltar el aire por un retraso de un par de semanas, está tremendamente equivocado”, añadió.

Las encuestas otorgan a Hofer una ligera ventaja frente al otro candidato, el verde Alexander Van der Bellen. El cargo de presidente federal que ambos disputan tiene más poder simbólico que efectivo, pero el nombramiento de un jefe de Estado del FPÖ supondría un indudable mensaje político para el actual Gobierno de gran coalición. Presionado por las críticas internas y el desastroso resultado en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el anterior canciller, Werner Fayman, dimitió el pasado mes de mayo. 

El FPÖ impugnó en junio el resultado de las elecciones de mayo, que lo dejó a solo 30.863 votos de ocupar la jefatura del Estado. La ultraderecha lanzó sospechas de fraude sobre el recuento de los 700.00 votos enviados por correo, por problemas como que los sobres fueran abiertos antes de lo debido o por funcionarios que no estaban autorizados para ello.