Una infancia destruida por el Estado Islámico

Said no puede dormir, se orina en la cama, tiene problemas para relacionarse y su autoestima es baja. Tiene 12 años y es un niño refugiado iraquí. Hace dos años, huyó de Mosul con su familia cuando el Estado Islámico conquistó la ciudad, en junio de 2014, y desde entonces es presa de las pesadillas. “Sus problemas psicológicos se deben a que vio, con sólo 10 años, tres muertes muy seguidas en aquellos días. Presenció cómo los milicianos yihadistas mataban a un policía, vio morir ante sus ojos a un familiar cercano y fue testigo de la muerte de un niñocomo él”, cuenta el psicólogo Abdulwahid Abdulla, que lo trata.

Estos tres impactantes encontronazos con la crueldad del Estado Islámicoatemorizan a Said, que ha perdido la confianza y el amor propio. Para ayudarle, Abdulla hace terapia diaria con él. “Le pongo ante el espejo para mejorar su autoestima, por ejemplo. Tenemos un diario donde se premian las noches que no moja la cama. Otra de las cosas que ayudan a que se sienta más seguro es hacer de capitán del equipo de fútbol; aunque al principio se negó, luego conseguí que hiciera ese papel, con la ayuda de otro niño”, cuenta. Said necesitará tiempo para recuperarse.

Abdulla hace equipo con otros tres trabajadores sociales en el campo de refugiados de Harsham (cerca de Erbil, capital del Kurdistán iraquí), donde vive Said. Los cuatro especialistas forman la unidad de Protección Infantil del campamento, que tiene en sus manos un total de 89 casos abiertos. Niños que, como Said (su nombre es ficticio para proteger su identidad), sienten todo el peso de la vida a su corta edad.

En Harsham viven 1.600 desplazados iraquíes que han tenido que dejar sus hogares para no morir a manos del Estado Islámico. El 95% de las familias son de Mosul y su provincia; el resto viene de Saladino, Anbar y Bagdad. “El campamento es un pequeño Irak, pero sin cristianos ni yazidíes”, cuenta Ahmad Abdo, director de Harsham, él mismo un refugiado.

Un lugar donde se aprecian a pequeña escala los estragos que causa en los chiquillos la violencia en Irak. Según un reciente informe de Unicef, 3,6 millones de niños y niñas en el país árabe corren serio riesgo de muerte, lesiones, violencia sexual, secuestro o reclutamiento por parte de grupos armados. Uno de cada cinco pequeños. El 10% de los niños iraquíes ha sido forzado a huir de sus hogares desde que, en 2014, el Estado Islámico estableciera el califato. Hay muchos niños como Said.